viernes, 22 de enero de 2016

Expediente X: aliens, fangirleo y feminismo

(artículo SIN spoilers)


A mí, ávida consumidora de procedimentales con parejas cuquis, siempre me habían dicho que tenía que ver Expediente X. Pero tenéis que comprenderme, una serie de extraterrestres procedimental, emitida a principios de los 90 y con 9 temporadas a sus espaldas… la idea no me emocionaba mucho. Entonces anunciaron los seis nuevos capítulos. Y Twitter se prendió en llamas. 

¿Pero por qué todo el mundo había visto Expediente X y estaba enloquecido? Entre el jaleo y la euforia decidí embarcarme en un viaje hacía el espacio exterior (jeje).


Después del maratón del siglo terminé la serie (películas incluidas) en navidad. Y aunque mi vaguería como estudiante está empezando a causar estragos y me estoy ahogando entre apuntes desorganizados y libros que todavía no he comprado aunque estamos al final del cuatrimestre, necesitaba hablar sobre ella. 

Estamos a unos pocos días del estreno de los seis nuevos capítulos (si yo estoy emocionada que me quiero morir, no me puedo imaginar cómo estaréis los que lleváis aquí mucho más tiempo) y este artículo es una necesidad a nivel personal. 

Podría hablar de una infinidad de cosas sobre Expediente X. De cómo visualmente ha envejecido relativamente bien. De cómo Mulder y Scully son la OTP de las OTP’s y cada vez que se miraban saltaban chispas en el ambiente y yo me abrazaba fuerte a un cojín, o de cómo pueden existir casos de aliens y monstruos más cutres que los de Doctor Who. 

Pero no, quiero hablaros de cómo la serie es una adelantada a su tiempo, por lo innovadora que es y por la fabulosa y nueva dueña de mi corazón Dana Scully. 

(No, no voy a hablar en profundidad de lo bonitos y adorables que son mis cuquis, y si son mis cuquis, porque no hay internet para acoger la longitud de ese artículo)

No voy a indagar pero el gif era obligatorio because of reasons

Antes de empezar con la parte fangirl del artículo (ah, ¿qué esto que llevamos no eras tú fangirleando?) vamos a ponernos un poco más serios. 

Contextualicemos por favor. Año 1993. Si ahora hay 200 series estadounidenses en emisión, por aquel entonces el número ni se le acercaba. La HBO era algo que pocos se podían permitir (bueno, eso no ha cambiado tanto) y las dueñas de la parilla televisiva eran las sitcoms familiares. Y allí llegó un treintañero llamado Chris Carter que salía de escribir guiones cutres de comedias para Disney (si, si) con un piloto de una serie sobre extraterrestres dirigida al gran público que compró FOX.

Y se tiraron a la piscina. Contrataron como cabeza de su serie a un joven David Duchovny que se había hecho famoso siendo secundario de películas y haciendo de un agente travestido en la aclamada Twin Peaks (eso es tan grande) y a una jovencísima Gillian Anderson bajita, pelirroja (bueno, más tarde, que la tiñeron para la serie), ridículamente mona y prácticamente una completa desconocida. 

Empezó la emisión, los datos de audiencia poco a poco fueron subiendo hasta llegar a ser excelentes (datos astronómicos que ni las series más vistas de hoy en día pueden soñar) y aquello que había empezado como una cosa chiquitita bizarra empezó a convertirse en un fenómeno social

Le debemos a Expediente X tantas cosas. El nacimiento de toda la terminología shipper (si Tumblr, agradéceselo a tus mayores), Vince Gilligan (ese hombre ha escrito de lo mejorcito de toda la serie), que nos descubriera a Gillian Anderson y el crush universal que tiene el mundo con esta mujer… 

Pero, una de las cosas que más me ha sorprendido a lo largo de este maratón loco, es lo innovadora que es la serie

Las comparaciones son inevitables, y yo que soy gran fan de Castle y era gran fan de Bones no puedo no compararlas con su serie madre. Siendo vulgar y lo siento, pero no hay otra manera mejor de decirlo, Expediente X se mea en Castle y Bones, así, tal cual. 

Ya vuelvo a la compostura. Una serie de los 90 se ha atrevido a hacer cosas a las que las otras dos, con mejores recursos y más facilidades nunca se han acercado.

Expediente X es la prueba de que procedimental no es sinónimo de serie ligera que ver mientras comes. Que una gran pareja no tiene que entorpecer una buena trama. Que una ficción de casos no tiene que ser monótona. (Todo esto concentrado en unas 6 temporadas buenas de verdad de las serie porque el resto bueno… pasan cosas, y las FOX y las ganas de ganar dinero y ya sabéis…)

¡Qué cosas más locas pasan! 

La trama trepidante de algunos arcos argumentales es increíble. Por favor, ese capítulo triple del cambio de la segunda a la tercera temporada es para ponerse de rodillas y hacerle una reverencia a Chris Carter. 

Small Potatoes tio, Small Potatoes
Los capítulos cómicos son de lo mejor que he visto en televisión. La manera de poner a unos personajes con una personalidad muy marcada que normalmente viven rodeados de cosas serias y gente intensita en un ambiente totalmente distinto es magistral. Entre Scully y Mulder consiguen un contrapunto cómico ideal. Bad Blood y Small Potatoes son de levantarse y aplaudir hasta que te duelan las manos. 

¿Vamos a hablar de Triangle y esos 35 minutos de los 40 de capítulo que están grabados a través de planos secuencias? Suck it True Detective, Expediente X lo hizo en el 98. (El plano secuencia de Scully por el FBI debería estudiarse en las escuelas de cine porque es técnicamente impecable, o bueno, eso creo yo) 

¿Qué querías un capítulo de fantasmas? Pues te los ponemos en navidad con la grande de Lily Tomlin y te caes de culo de lo bueno que es. ¿Qué los aliens que te estoy enseñando parecen de papel aluminio? Sí, pero es tan buena, que te da igual. ¿Niños demoniacos? ¿Insectos malignos? (f*cking abejas) ¿Videntes? ¿Hombrecillos grises? ¿Cambios de cuerpo? ¿Abducciones? ¿Poderes sobrenaturales? Lo tenemos todo señores y señoras. 

Para cerrar este apartado del artículo (esto está quedando larguísimo y no lo va a leer nadie) destacar el capítulo que está rodado en blanco y negro a modo de una película antigua de terror y la banda sonora son básicamente canciones de Cher. Grandioso. 

  
Mi nuevo gif favorito de la historia
Y ahora llegamos a lo bueno. Tengo tantísimas cosas que decir sobre Dana Scully que no sé por dónde empezar. Se podría hacer todo un trabajo analizando no solo su personalidad y rol dentro de la serie, si no analizando su figura y arquetipo de personaje, su origen y todo lo que supuso en los 90 tener un personaje así. 

Nace de la inspiración directa de Clarice Starling (protagonista junto a Hannibal Lecter de “El Silencio de los Corderos”) y nos la presentan como una mujer joven, cualificada, profesional, con ganas de comerse el mundo y que no está desesperada por encontrar el amor. Esto último parece muy obvio, pero desgraciadamente los primeros personajes femeninos que empiezan a mostrar estas características de independencia siempre subrayan que están incompletas sin el amor (aka Sexo en NY, sorry)

Para el movimiento feminista, Scully posee dos grandes virtudes:

1. No está sexualizada. Scully no necesita salir en bikini y vestir cada día minifalda para justificar su aparición en la serie. Que la Gillian Anderson de 25 años con pecas consiga estar condenadamente sexy con un traje de cuadros rojos tres tallas más grandes ya es otra cosa. Dicen que la FOX quería en un principio a una mujer mucho más alta y despampanante para poner al lado de Mulder, pero allí apareció Anderson, y casi sin querer consiguieron algo que nunca se había visto en televisión. 

2. Aunque lo suyo con Mulder sea una de las historias de amor más míticas de la televisión (mis cuquis, ay), esto no es lo que mueve y crea tramas en su personaje. Scully no depende de ninguno de los personajes masculinos de la serie para su desarrollo, y esto aunque parezca algo muy obvio, incluso hoy en día, en producciones de 2016 seguimos sin encontrarlo. 

Hola, Scully, mira, venía a preguntarte si te casabas conmigo
De alguna manera se prescinde del argumento romántico para tener controlado al personaje y su efectividad como agente y su trabajo jamás se ven cuestionados. El hecho de ser mujer no hace que la tengan menos en cuenta. En algún capítulo suelto recuerdo que algún señor medio cavernícola le echaba en cara a Scully que aquel trabajo no era para una mujer, a lo que ella contestaba con un roll eye y tirando. 

Hoy en día estamos más acostumbrados a encontrarnos este tipo de personajes, pero casi todos están directamente inspirados en Scully. Fue la primera vez en la que los estereotipados roles masculino y femenino se invertían y mientras que Mulder era el más irracional y sensible de los dos, era Scully la que mostraba mayor raciocinio, medida en sus actos y más frialdad. 

Bueno, debería ir dejándolo ya que me estoy enrollando como las persianas. En definitiva, aunque el ritmo de la serie a veces se me hacía lento y me costó un poco arrancar (pasar de la 2º me costó, no vamos a mentirnos), nunca pensé que una serie noventera después de todo lo que hemos visto a estas alturas pudiera aportarme tanto

Estoy ya mordiéndome las uñas esperando los nuevos capítulos (Mulder ahora es como un abuelito y me da mucha ternura y tengo sentimientos encontrados) y animo a todo el mundo a que se suba a este tren. Enamoraos de Scully, disfrutar del mayor sufrimiento shipper de las dos últimas décadas y sobretodo, atreveos a creer.


1 comentario:

  1. Sabia que tenia que haber alguien de mi generacion que pensara lo mismo que yonde esta serie. Bravo

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